OKINAWA Y SENSACIONES JAPONESAS

OKINAWA Y SENSACIONES JAPONESAS.

Explorando las islas de Japón he llegado a la fascinante Okinawa, en mitad del pacífico y con más aspecto de Hawai que otra cosa.

Sus gentes no sólo son muy diferentes a nivel aspecto sino en su carácter, de risa espontánea y agradecidos cuando con mucho esfuerzo puedo decirles hola y gracias en  Uchinaaguchi una lengua muy diferente a la japonesa y con una sonoridad preciosa. Tiene palabras muy bonitas y otras divertidas como Chichi la cual significa luna siendo este nombre muy apropiado, aunque qué vamos a decir nosotras con una playa a la que denominamos playa de la Concha.

Es una lengua con serio riesgo de extinción ya que Okinawa que gozó de muchos años de independencia con la invasión japonesa y posteriormente la estadounidense sufrió la persecución y aislamiento de su lengua y de su cultura por lo que ya sólo lo habla una minoría.

En mis viajes considero que tengo una gran responsabilidad en el respeto a sus idiomas y cultura, siempre me siento una invitada agradecida de poder participar durante unos días de su vida comunitaria. A su vez la gente siempre está dispuesta a enseñarme y a hacerte partícipe de sus vivencias, el intercambio es de los mejor que me llevo en mis viajes y una de las importantes motivaciones que me mueven a recorrer el mundo. Aunque esté en un país con más de treinta lenguas como es Senegal no cuesta nada en el pueblo por el que se pasa saber cómo se dice, hola, gracias y esto está muy bueno.

Si se pasan más días el vocabulario se va ampliando y encuentras decenas de voluntarias y voluntarios encantados de ayudarte y agradecidos y divertidos con tus esfuerzos.

En líneas generales la población Japonesa tiene una personalidad muy particular en comparación con otros países asiáticos, no me gusta hacer generalizaciones ya que normalmente son muy injustas, aunque si me gustaría contaros mis sensaciones y experiencias generales, muy sesgadas ,  parciales y subjetivas.

Lo primero que me sorprendió de Japón es su silencio, hay mil carteles llamando al puro silencio, está muy mal visto hablar por teléfono por la calle o en servicios públicos, el silencio es tal que en muchas calles y estaciones poner música ambiental o sonido de pajaritos a un volumen no más alto que el de mi móvil y se escucha. Después de recorrer Colombia con un altavoz a todo volumen a bordo de mi moto a través de la pura selva o sufrir al cura del pueblo el cual nos despertara a las 5 de la mañana con los villancicos a todo trapo este silencio se me hace  impresionante y sorprendentemente placentero.

Es curiosos cómo incluso las conversaciones transcurren en voz baja siempre pensando en el resto. En general las personas Japonesas difícilmente iniciarán una conversación, aunque si es frecuente que en cuanto detectan duda en tu cara enseguida te ofrezcan su ayuda. En las poblaciones más rurales sobre todo las personas mayores siempre te dicen algo en Japonés, como saludarte, hace frío, o dedicarte una larga sonrisa. Les debe hacer gracia una guiri con cara de perdida con cara de asombro por sus calles.

Otra sensación que me llevo es el perfecto orden con el que manejan todo, esto es de tal calibre que hasta a mí me está influyendo, a veces me entretengo viendo sus garajes y jardines traseros y disfrutando de una organización y optimización del espacio impresionante. He descubierto la Toc que vive en mí y me estoy llenando de manías y croquis organizativos.

Es todo de una eficacia increíble, los coches son tan silenciosos que si no fuera por su impresionante prudencia sería atropellada varias veces durante este viaje. Los autobuses paran en los semáforos buscando el ahorro energético y de impacto en la naturaleza. A ellos nunca les atropellarían, obedecen los semáforos de una manera no vista en ningún país del mundo. Su obediencia por el sistema es impresionante y hay varios totems sagrados por los que sólo cuestionárselo hace que te miren ojipláticos, entre ellos está el culto a la figura del emperador, la resignación de trabajar más de 10 horas diarias con una semana de vacaciones al año, el gusto por el matrimonio libre o concertado y el consumo constante. Hay una media de 25 personas por máquina expendedora.

En uno de los países más superpoblados del mundo la maquinaria de la venta es de un movimiento constante, todo está hecho para consumir, los incentivos son tantos que se puede comer cualquier día a base de lo que te van regalando, eso sí es una ruleta rusa con wasabis y otros sustos esperando en cada esquina. Porque sólo aquí encontrarás comidas como por ejemplo helados de patata, pollo y té verde , pasteles rellenos de pasta de alubia Manju y cualquier alga y especia que hará que desistas de este arriesgado juego. Bueno eso me digo todos los días para empezar al siguiente, desde que encontré anacardos cubiertos de chocolate y me decidí a continuar.

En cada lugar tienen sus propios platos y no hay nada que decidan que no se puede comer. Aún recuerdo comer los tendones y durezas del pollo como una exquisitez, genitales de peces con su correspondiente contenido, carne cruda de cualquier grosor y otras fermentadas, aunque como dice el dicho lo que no te mata te hace más fuerte. Los kit kat de mil sabores te reconcilian con la vida y tu estómago milagrosamente vuelve a tu sitio.

En Okinawa aunque la ciudad te recibe con sus licores llenos de cobras se respira otra energía, aunque cumple muchos de estos preceptos anteriores a su manera es diferente y rebelde, la gente se muestra más abierta y espontánea. El que habla algo de inglés se esfuerza en ayudarte y conversar y al decirles Hai Sai que es hola en Uchinaaguchi se les ilumina una gran sonrisa, ya que seguramente no están acostumbrados a que los extranjeros mostremos amor y respeto a su pueblo, las mujeres tras mi saludo me hablan largamente en su lengua en la que extrañamente conseguimos comunicarnos . En la capital tienen una playa preciosa tropical sobre la que algún desdichado decidió montar un puente para que pasaran los coches en base a esa eficacia Japonesa me niego a creer que a algún local se le ocurrió hacerla, es un puro asesinato. Las playas se acotan en parcelas muy pequeñas en base a garantizar la seguridad extrema que se practica por estas latitudes. Un socorriste cada cinco metros hace que mi máximo riesgo sea tropezarme con alguna pala infantil.

De momento aun me quedan unos días por Okinawa antes de volver a Kyoto a seguir disfrutando de los cerezos en el Harami Season.

Al final resolví parcialmente mis problemas económicos aunque tengo que andar con mil ojos para que el dinero me llegue hasta el final de esta aventura ya que tengo descartado el uso de tarjetas, creo que aun tendré margen para practicar el trueque. De momento una de mis hospedadoras Japonesas junto con un amigo Malayo se vienen en mayo por Donosti y tendré el placer de devolverle su acogimiento, dándome una clara lección de que en el compartir todo se multiplica, y que la individualidad y el consumo un día no muy lejano dejarán de ser los pilares sobre los que nos sustentamos. Un abrazo.

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