CHEFCHAOUEN ,CIUDAD DE ENCUENTRO

CHEFCHAOUEN, CIUDAD DE ENCUENTRO.

Antes de partir a Japón  me he acercado unos días a Chefchaouen. Quienes me conocéis ya sabéis de mi pasión por este pueblito, al que yo defino como el pueblo más bonito en el que he estado nunca.

Siempre que vengo tengo sensación de hogar. Cuando llego, sólo necesito sentarme en una terraza al calor de la Alcazaba, escoltada por las montañas para que empiece la magia.

Chefchaouen, siempre tan igual y siempre tan diferente.

En esta ocasión no para de llover. 

Las gatas están preñadas.

Las calles se ven difuminadas como acuarelas aguadas, el río y sus cascadas amanecen desbordados.

Veo a varios marroquíes en mitad del río, rescatando con un largo palo a un pato extraviado. 

La vida aquí siempre es un poco así, pura inmediatez degustando el momento presente.

Las mujeres pasamos más tiempo en el hammam. Frotándonos unas a otras la espalda, sin conocernos, desnudas, hermanadas.

Veo con qué cariño lavan a sus niños, a sus mayores, algunas me sonríen, a otras se las ve incómodas, puede que sientan que invado su espacio privado.

No quedo con nadie,  no hace falta,  te vas encontrando en el momento justo. Para tener esa conversación pendiente, ese abrazo bienvenido, esa carcajada.

Es un sitio donde es imposible quedarte sola, más allá de lo imprescindible.

Los saludos marroquíes son maravillosos, como sus desayunos, largos, frescos e intensos.

La sonrisa siempre constante, alegres de verte nuevamente.

Se suceden las preguntas de rigor, cómo está tu familia, tu hijo, tu trabajo, eres siempre Marhaba (bienvenida).

Muchas veces me preguntan las razones de por qué me gusta tanto este pueblo, es pequeño, lluvioso, turístico y otros adjetivos desanimantes.

Me pasaría horas detallando cada pequeño momento único por el que volvería una y mil veces.

En Chefchaouen siempre acabas cenando en mesas donde se simultanea el Árabe Marroquí (dariya), Francés, Inglés,Español.

En esta extraña mezcla todos nos entendemos. 

Y no hay velada que no acabe con una guitarra. 

Es de esos pueblos donde los niños aun andan libres por el pueblo, donde la gente se saluda por la calle y puedes andar en zapatillas de casa.

Tan igual al resto y tan diferente.

Me sonrío cuando alguna persona me dice que tampoco es para tanto, que con un par de días es suficiente para conocer el pueblo.

Pero yo necesito volver una y otra vez,  como si me lo tuviera que aprender de  nuevo.

 

 

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