EL VIRUS NO EXISTE, SON LOS PADRES.

Esta mañana me levanté con esta frase martilleándome la mente. Ayer a las 21:45 la gente corría para llegar a casa antes de que llegara el toque de queda. Es curioso la rápida normalización de cosas que si nos las cuentan hace unos meses nos hubiera despertado una carcajada, por absurdo e improbable.

Cuando volvía de mis viajes a Irán los «supuestos expertos» de Oriente Medio me hablaban de la conformidad de la población con la dictadura, de la pasividad de sus gentes. De la ignorancia y sometimiento de sus mujeres.

ABYANEH (IRÁN)

Y en unos meses, en un ejercicio de justicia poética, aquí nos hallamos, con el alcohol y el tabaco prácticamente prohibido en nuestras calles, todos embozados en nuestras mascarillas, y con diferentes libertades y derechos que considerábamos básicos, gravemente restringidos.

Niños Afganos en Kerman (Irán)

Ayer las patrullas de policía vagaban por las noche con las luces apagadas, en un extraño juego del escondite inglés, donde hasta bajar la basura puede ser considerado un delito.

Tabriz (Irán)

Se ha inventado una palabra, un «totum revolutum» para denominar a los villanos de esta película , «Negacionistas», un cajón desastre para enfrentar a las personas en dos movimientos opuestos. «Propandémicos» acusan unos, contra «Negacionistas» en el otro extremo. Una polarización que lleva a conflictos a pequeña y gran escala. Y donde el fanatismo acampa a sus anchas, creyendo la mayoría, estar en posesión de la cotizada y denostada «VERDAD».

Hemos desconectado el sentido común y estamos delegando y aplazando, nuestra capacidad de analizar y cuestionar los asuntos que nos afectan en el día a día.

Conformismo, seguimiento ciego de la corriente, obediencia sin ninguna reflexión ni objeción, deseo feroz de pertenecer a un grupo humano unido y compacto…

AMOS OZ (Queridos Fanáticos)

Todo esto ha llevado a una infantilización de la población. SE HA IMPUESTO «EL POR TU BIEN» Y «AUNQUE TÚ NO LO ENTIENDAS» Y toda la población hemos hecho una regresión a nuestra infancia , Donde las autoridades e incluso algunos vecinos (que se han creído con derecho), se han convertido en nuestros padres y se han puesto a opinar y decidir nuestros horarios, hobbies, vida social y decisiones.

BAM (IRÁN)

¿Y cómo puede ser que hayamos vuelto tan rápidamente a esta infancia?, ¿no será que es que aún no nos habíamos independizado?.

Cómo estamos viviendo esto, nos habla de nuestras propias historia, condenados a repetirla hasta que seamos personas libres e independientes.

Tabriz (Irán)

¿Yo como era en mi infancia?, ¿era una niña obediente?, ¿me cuestionaba las órdenes?, ¿me independicé verdaderamente de mis padres?. ¿Ellos decidían mi vida? ¿Lo siguen haciendo?.

¿Le debo la vida a mis padres?.

¿Es mi obligación cuidarles?.

¿ hicieron las cosas por mi bien?.

¿Tengo que agradecer lo que me han dado?.

¿Aunque hicieron cosas mal eso me ayudó en la vida?.

¿Qué tengo que llenar sus vacíos afectivos?

¿Acompañarlos por su falta de amigos?.

¿Que una bofetada a tiempo no hace daño?.

Bam (IRÁN)

Si tu respuesta es sí a alguna de las preguntas, y aún a riesgo de ponerme en una diana. Estas serían las respuestas de la buena hija, de la obediente. Y por lo tanto aun estarías en una situación de dependencia. Nuestros hijos e hijas tienen todo el derecho a vivir su propia vida, sin deudas, ni sentimientos de culpa. Tienen el derecho a emanciparse de una vez por todas.

En muchas ocasiones, el hijo cuyos padres «se sacrificaron por él», está condenado a llevar durante toda su vida el pesado yugo del sentimiento de culpa…es más a quien es capaz de sacrificarse de forma entusiasta, no le resultará difícil sacrificar a otros. (Amos Oz)

Cómo reaccionamos a la pérdida de libertades que estamos teniendo, es cómo reaccionábamos en nuestra infancia, tenemos una oportunidad de oro para hacerlo de otra manera. Para LIBERARNOS.

Shiraz (Irán) El guardián de la Mezquita nos riñó por la caída del pañuelo, nos reímos juntas.

ES UNA CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

…el impulso de seguir la corriente y de pertenecer a la multitud son el caldo de cultivo de los fanáticos…el que adora renuncia a la individualidad. Amos Oz.

Las circunstancias nos están dando una oportunidad de oro para encontrar la paz, para resolver viejos asuntos, para excavar bien adentro. Para ser dueñas de nuestras vidas. Para redescubrir que cuando nacimos ya lo teníamos todo, que éramos seres completos y únicos.

Isfahan (Irán)

Termino con una escena de «LA VIDA DE BRIAN», ya que desde la risa, podremos llevar a cabo, esta revolución silenciosa.

Brian el Salvador se dirige a la multitud.

-¡Todos sois individuales!! Sí, grita la multitud, ¡Todos somos individuales!

-¡Todos sois diferente!, ¡Sí, todos somos diferentes!

Y un hombre, en medio de la multitud dijo,

«YO NO».

ZANZÍBAR, STONE TOWN Y SUS PUERTAS PARA ELEFANTES.

No soy descendiente de esclavos. Yo desciendo de seres humanos que fueron esclavizados.

(MAKOTA VALDINA)

Tras unos días por sus pueblos y playas nos dirigimos a la capital, STONE TOWN. Mi sorpresa fue mayúscula ya que por momentos me parecía estar viajando por Oriente Medio o India. Estrechas calles, zocos, edificios coloniales decadentes , con sus puertas traídas de India, con pomos diseñados en india con la idea en origen de poder detener elefantes. Restos de antiguos palacios de los sultanes Omaníes. Reliquias de un pasado de riquezas e infamia que trajo el famoso tráfico de esclavos y especias. Isla que se pobló con gente de la India, Irán, Omán y otros países aprovechando las rutas comerciales.

Se me erizaba la piel al recorrer los lugares donde se amontonaban miles de personas, celdas donde cada personas ocupaban el mismo espacio y posición que un saco de arroz. Aún se conservan grilletes y otros artilugios y las celdas se presienten como tumbas. Un pasado relativamente reciente en el que no puedes evitar sentir el dolor y en el que te embarga un gran miedo al pensar dónde puede llegar nuestra crueldad.

Se calcula que entre 1830 y 1873 en el mercado de esclavos de Zanzíbar se subastaron unos 600.000 seres humanos procedentes del continente africano.

La catedral anglicana de 1873 se erigió posteriormente a prohibir el tráfico de esclavos, aunque no puedes dejar de sentir la energía que se acumula dentro. Donde ahora se emplaza el altar, es el lugar donde se azotaba a los esclavos para demostrar su fortaleza, en algunos casos hasta la muerte.

Se mantienen varias exposiciones muy bien documentadas con la esperanza de que aprendiendo del terrible pasado podamos evitar volver a repetirlo.

Con el Ramadán, la mayoría de los restaurantes estaban cerrados, aunque en alguno de ellos me cocinaron algo de comida para llevar. Un día nos costó un poco más de tiempo encontrar dónde comer algo y Adrián lo suele recordar como «el día que hizo Ramadán en Zanzíbar».

Los precios de los alojamientos no eran bajos y el Ramadán hizo que en ocasiones tuviéramos que esperar en muchos de ellos durante horas a que llegaran de rezar de la mezquita para negociar un precio. Finalmente encontramos uno que nos encantó. Con doseles y muebles como si se tratara de un barco pirata surcando los mares africanos. Los trabajadores del hotel nos invitaron a romper el Ramadán con ellos y pudimos disfrutar nuevamente de la hospitalidad africana y de su gastronomía mezcla de todo tipo de influencias.

Es una ciudad pequeña, llena de vida doméstica, calles muy vividas, llenas de niños con mochilas y balones y abuelos «a la fresca» . Las tiendas eran de todo tipo, desde las de diseño y souvenires dedicadas a los turistas hasta las tiendas locales llenas de telas de vivos colores y frutas en todas las gamas de amarillos.

Mercado de frutas en Stone Town

El diseño que facilitaba las sombras constantes en sus laberínticas calles, hacían que pudiéramos esquivar el sofocante calor.

Stone Town (Zanzíbar)

Durante el día el ambiente es relajado y a la noche la ciudad estalla en un movimiento acelerado para preparar y llegar al desayuno de Ramadán.

Tras el atardecer nos solíamos ir a cenar a los jardines Forodhani, junto al mar. Lleno de puestos con «pintxitos» a la brasa con todo tipo de alimentos y aunque muchos provenían del mar otros eran muy poco reconocibles, corazones, y otras vísceras ensartadas, bebidas, postres, y chucherías locales con dosis extras de azúcar.

Los potentes focos y pequeños fuegos de los puestos contrastaban con la falta de luz en las calles. Sin embargo esa falta de luz no hace que la ciudad se sienta insegura, como mucho más íntima, como si estuviera iluminada con velas.

Durante el día las horas se nos pasan paseando, participando de los juegos en las calles y del observar tranquilo.

Los edificios van cambiando de colores con la variabilidad de las horas. Y la ciudad se siente como en reconstrucción. Como si el mar la hubiera cubierto y hubiera que limpiarla de algas y salitre. Con andamios de bambú, donde se encaraman sin ningún tipo de sujeción algunos locales, pero con la seguridad y agilidad de quien ya lo conoce.

Las gente sonríe a nuestro paso y es de esas ciudades en las que lo más divertido es perderse, sabiendo que es un circuito casi de «juguete» cuyos límites son sus plazas, playas y las murallas del Fuerte Árabe construído en el siglo XVII por los Omaníes. Damos vueltas por el mercadillo de artesanía de su interior, escaso de visitantes y de variedad. Y nos perdemos una y mil veces hasta tener la sensación de que ya hemos vivido en ella antes.

Junto a los edificios desgastados por el salitre y el tiempo se pueden ver elegantes y cuidados edificios coloniales, con sus balconadas y ventanas colocadas estratégicamente para aprovechar el alivio del viento marino. Edificios aprovechados para funciones administrativas y para mimo de los más pudientes.

Combatimos el calor , con algún que otro baño, en sus playas recogidas, llenas de gente local y algún extranjero «acangrejado», viendo como el atardecer cae, apagando el hambre de las horas finales del Ramadán y el calor africano. En breve partiremos a las tierras altas de Tanzania, al lado del Kilimanjaro. Pero esa ya será, otra historia.

Continuará…